La mujer que amo es una gran nube que me da de su sombra al medio día, y sana con su triste lluvia el barro seco y resquebrajado que soy.
Para el atardecer, inmisericorde con los elementos , decora el horizonte de tronos celestiales con ángeles en ágil carrera, ángeles afligidos buscando lo oscuro.
En mi atardecer, En nuestro atardecer. |
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